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Shai-hulud el Devorador de Arena
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septiembre 6, 2015 - 1:08 pm
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Historia

Shai-Hulud, el padre del desierto, el hacedor de arena y el gusano del polvo son algunos de los nombres que recibió el poderoso señor y más importante Loa de Tanaris. Pero para explicar el poder de este ser es mejor retroceder a tiempos antiguos, cuando los trols eran la potencia dominante del planeta.
Hubo un tiempo en el que Tanaris era un floreciente ser vivo, una jungla repleta de toda clase de plantas y animales donde el agua discurría tranquilamente entre enormes llanuras, pero eso pasó hace mucho tiempo. Con los milenios, la floreciente selva se marchitó, sus flores se secaron haciendo que aquella salvaje jungla callera bajo una purificante ola de arena que fue invadiendo la región poco a poco.
En aquel tiempo, el imperio Gurubashi era mucho superior al pequeño reducto en el que se ha convertido actualmente en el noreste de Tuercespina. Zul’Farrak, era una de sus más poderosas ciudades con grandes pirámides barnizadas en oro y talladas de la manera más laboriosa posible. Cuando la arena comenzó a inundar la selva, los trols no pudieron hacer nada. Por muy grande que fuera su imperio no eran capaces de hacer frente a las eternas fuerzas de la naturaleza y sus enormes monumentos, las grandes estatuas y las impenetrables murallas no eran rivales para al enemigo que nadie esperaba, esa fina arena que poco a poco drenaba su floreciente paraíso.

1740

Cuando la arena cubría gran parte de Tanaris y la comunicación con el resto del imperio se hacía ya prácticamente imposible, un ser de enorme poder se presentó ante los trols. Ka’zin el Médico Brujo (de los trolls que entonces ya se hacían llamar Furia Arena) fue el primero en verlo. Se encontraba en un alto risco meditanto desde el que podía observarse gran parte del silencioso desierto, pero entonces la tierra tembló y la arena burbujeó como un colosal caldero en ebullición. Ka’Zin no pudo evitar soltar un grito de puro pavor cuando Shai-Hulud mostró su rostro. Shai-Hulud no era otra cosa que un gusano, pero el gusano más grande que ha visto todo Azeroth. El mismo Ka’Zin no podía distinguir el final de su cabeza de un lado a otro y su cuerpo era tan gigante que la sombra que proyectaba era capaz de tapar las arenas de Tanaris hasta el final de la vista.

Entonces la voz resonó en la cabeza de Ka’Zin y este obedeció diligentemente pese a la desconfianza que le profesaba por su apariencia similar a sus eternos enemigos los silítidos. Ka’Zin fue el primer profeta del Devora Arena. Shai-Hulud, a medida que su fe se extendía el gusano usó un avatar con apariencia de trol y se apareció al resto de médicos brujos de los Furia Arena mostrándoles su poder. Era un ser que irradiaba temor y respeto allá donde se presentara con una figura alta de un amarillo brillante que parecía deshacerse en la arena constantemente para recomponerse segundos después y su voz, era similar al raspar de la arena del desierto. El Hacedor de la Arena estaba al corriente de la desesperada situación de los trolls y les hizo una promesa. Mientras el Gran Gusano protegiese y estos le adoraran nunca dejaría caer Zul’Farrak. Su única condición era esta. Tras la coronación de cada rey de Zul’Farrak, le sería entregado al desierto su primogénito como ofrenda para sellar el eterno trato de arena y sangre.
El culto tardó mucho tiempo en ser aceptado pues los antiguos gurubashi no estaban dispuestos a abandonar a sus antiguos Loas, pero aun así la conversión terminó por ser total. Entre el nuevo panteón de loas del desierto entre los que se encontraban Mueh’Zala el interminable, Kimbul el tigre y Shadra la araña se encontraba ahora Shai-Hulud el Devora Polvo como el más importante y venerable. Pronto, los Trols de arena se convirtieron en una rama totalmente distinta a los trols de la selva.
Los siglos transcurrieron y los gigantes gusanos hijos de Shai-Hulud protegieron a los trols. Ya fuera de la presencia de los temibles elementales del desierto, los qiraj que venían del oeste o los mismos gurubashi que reclamaban Zul’Farrak de vuelta antes del gran cataclismo. El pacto parecía irrompible. Durante cientos de años Shai-Hulud se convirtió en el pilar central de los farraki. Las pirámides y altares se bañaron de arena y sangre pero nunca se hundieron en la inmensidad del desierto.

1741

No obstante, tarde o temprano lo impensable sucedió. Hubo un tiempo en el que el terrible tiempo de Tanaris castigó aun más a los trolls. El hambre y la escasez de lluvias mataron al ganado y los cultivos haciéndoles perder gran parte de su territorio. Sus fuerzas mermaron cada vez más incluso niños famélicos y ancianos decrépitos morían en cantidades alarmantes. El actual rey de los farraki, Kay’Ozan hizo lo impensable. Acosado por constantes voces interiores y siseantes como crueles serpientes de bífidas lenguas en su cabeza desobedeció el pacto convencido de que era Shai-hulud quién favorecía la expansión de su desierto matando de hambre a los trolls y en este nuevo ciclo se negó a entregar a su hijo, su mayor tesoro, a Shai-Hulud . En un alarde de extrema inconsciencia mandó cazar a los grandes devoradores de arena. Los templos donde residían muchos de los huevos de los Devoradores de Arena fueron incendiados y sus fieles sacerdotes degollados por los más fieles a Kay’Ozan y muchos de los gigantescos hijos de Shai-Hulud fueron asesinados antes de que estos reclamaran al príncipe de Tanaris para su eterno padre. Su pueblo de paso, pudo alimentarse y aprovechar esta nefasta situación. Reticentes, los farraki obedecieron muy a su pesar como acabarían descubriendo.
La furia de Shai-Hulud no pudo ser mayor al sentirse traicionado de ese modo, cada grano de arena del desierto se tambaleó cuando supo de la profanación a su culto y a sus hijos .Se presentó ante Kay’Ozan con su aspecto de troll de brillante piel dorada y ojos de un incandescente azul. Alzando las manos de su avatar hecho de arena advirtió al monarca del terrible error que había cometido y maldijo el nombre de Zul’Farrak por su enorme vanidad. Aquellos lugares en posesión de los trolls lejanos a la capital del desierto se hundieron en una impenetrable marea de arena para siempre que los monstruosos gusanos devoraron sin compasión. Shai-Hulud habiendo cumplido su venganza tomó nuevamente su poderosa forma y se zambulló en la inmensidad del polvo de Tanaris con sus hijos para nunca volver. Su venganza se había cumplido. Dejaría que sus enemigos acabaran con Zul’Farrak.

1745

El menguante pueblo Furiarena acabó desesperado. Kay’Ozan se había convertido en el rey maldito de Zul’Farrak por toda la eternidad. El estúpido acto de soberbia propiciado por aquellas voces probablemente imposibles de oír habría sellado el destino de su gente .De ningún modo podía permitir que su nombre, su apellido y su tribu se encontrase manchado por aquella falta. Kay’Ozan pese a las constantes advertencias de sus consejeros y médicos brujos de no enfadar más al señor de la arena mandó destruir cada tabilla, cada inscripción, papiro, documento o historia acerca de la relación entre Zul’Farrak y el Gran Gusano Shai-Hulud. Kay’Ozan acabó muriendo presa de su locura, tanto por el castigo del Hacedor de Polvo como por las voces que seguían atormentándole cada vez con mayor frecuencia e insistencia. Pero lo que le llevó a aceptar su final fue la muerte prematura de su amado primogénito que terminó siendo devorado por pequeños gusanos, causándole terribles heridas internas e infecciones.
Finalmente el silencio invadió todo el desierto durante generaciones aunque nadie podría haber pensado que alguna vez hubiera llegado a ser de otro modo. Los qiraj misteriosamente asaltaban otra vez a los trolls y estos se defendieron por primera vez en años mano a mano con sus eternos adversarios. Algunos incluso conjeturaron que fue el propio Shai-Hulud quien en acto de última venganza les había enseñado el camino hacia las eternas arenas.

1742

Sin embargo la situación no podía durar para siempre. Algo que tienen todas las tribus trols conocidas alrededor del mundo es que su cantidad de deidades y semi deidades a las que rendir culto es enorme, y cuando una cae en el olvido o es despreciada, otra acabará tomando su lugar. Ese es el caso de Shai-Hulud pues llegó el momento en que cuando su nombre fue borrado de la historia, en la piscina sagrada de Zul’Farrak se erigió una criatura que había hablado entre susurros nuevamente a los trols, unos susurros terriblemente oscuros y antiguos prometiéndoles el poder y el domino que hacía tanto tiempo que anhelaban y que habían perdido tras su afrenta al Dios Gusano. Así nació en Zul’Farrak de entre las aguas de la piscina sagrada, la Hidra de los Dioses Antiguos Gahz’Rilla.

1743

Culto y Sacerdotes

En la época de su mayor apogeo Shai-Hulud era el mayor Loa de Tanaris. Enormes templos con forma de gusano enrollado sobre una pirámide se alzaban sobre cada esquina de la región. Sus sacerdotes, orgullosos de su posición como intérpretes de la voluntad del Hacedor de Polvo portaban pequeños sacos de huevos de los Devora Arena, los inmensos gusanos protectores a los que alimentaban y cuidaban hasta la edad adulta. Incluso algunos tras la muerte servían de alimento a los gusanos considerado todo un gran honor y podían levantarse ocasionalmente para no faltar a las tareas de cuidado de los Devora Arena. Se cuenta que entre los más favorecidos por Shai-Hulud eran capaces de montar estas magníficas criaturas.

Entre los dones propiciados por el Gran Gusano se encontraban la singular capacidad para resistir el abrasador calor del desierto, el dominio sobre la arena y sus secretos y la facultad para poder invocar bajo ciertas circunstancias a los fieles Devoradores de Arena. Sin embargo aquellos que osaban ofender a Shai-Hulud notaban como se iban consumiendo lentamente por dentro hasta que finalmente los gusanos que se habían alimentado totalmente del condenado salían a borbotones de todos los orificios de su cuerpo.
Aquellos guerreros que gozaban del favor de Shai-hulud eran prácticamente sombras, capaces de fusionarse con la arena del desierto o incluso poder desvanecerse en el viento. Un poder capaz de regenerarse de la arena. Los llamados Asesinos de Polvo hace tiempo que desaparecieron protegiendo a sus maestros en los templos del Gran Gusano pero sin duda muchos de sus secretos aun esperan a ser revelados.

1746

La forma más común de invocar a Shai-Hulud, el gran gusano era con un cráneo limpiado a conciencia y alumbrado con un par de velas. El troll debía tener un puñado de la más fina y limpia arena que pudiera encontrar y en la otra un corte cruzado debía visualizarse sobre su palma. Llegado el momento sería bañado totalmente de sangre por un lado y arena por otro. Si había tenido éxito pronto de entre los ojos del cráneo saldría un gusano que reptaría hasta lo alto de este y se transformaría en una versión reducida del avatar de arena dorada de Shai-Hulud.

Si bien su culto fue algo tremendamente selectivo y reducido, aquellos que gozaban con el don del gusano eran altamente respetados entre los farraki. Todos aquellos grandes profetas fueron asesinados cuando Kay’Ozan en su locura mandó quemar los inmensos templos del Dios Gusano.

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