Mitología de Alterac: Volumen II | Biblioteca | comunidad

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Mitología de Alterac: Volumen II
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abril 21, 2015 - 9:18 pm
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En este volumen ahondaremos en algunas de las criaturas más extrañas de los mitos alteraquianos, seres relacionados con la noche, la oscuridad y de temática lúgrube.Sin embargo, el plato fuerte se encuentra en una antiquísima leyenda a la que he podido evitar la recargada prosa y versos complejos de antaño, en una vieja historia prácticamente desconocida de no ser por una fuente fidedigna que siempre consigue darme las partes más jugosas de aquellos relatos que conservo en mi gran biblioteca aun con bastante espacio para nuevas historias. Sin más dilación, comencemos.

1664

-Xeun: A diferencia del resto de criaturas similares a goblins y duendes no parece haber un consenso generalizado de estas criaturas. ¿Son duendes? ¿Tal vez algún pariente lejano de enanos y gnomos? ¿Una especie desconocida de ave bípeda similar a los hombres pájaro del lejano Draenor? ¿O quizás son simplemente criaturas formadas por la conjunción de varios seres como pudieran ser los grifos e hipogrifos? Sea como fuera, los Xeun resultan fascinantes para todo historiador y mitólogo como este autor que disfruta de investigar los rincones menos iluminados de la historia.

Los Xeun son criaturas bajas, llenas de plumas (sobre todo en la cara), con unos enormes y luminosos ojos dorados o rojizos similares a las de búhos y lechuzas pero con rasgos enteramente humanos. Tienen unas piernas cortas rematadas en garras y aunque poseen algún plumaje adicional en brazos y piernas no son capaces de volar.

Según es relatado en el cuento ‘’La princesa de las cumbres’’, los Xeun vivían un reservado y espeso bosque al norte de Strahnbrad en casas hechas de paja y ramas viejas en la copa de los árboles más altos. No obstante, a pesar de esta aparente humildad eran criaturas increíblemente sabias que veían las estrellas con curiosidad y admiración e incluso manipulaban una limitada magia que les hacía cambiar de forma a pequeñas aves voladoras. Una de las características más destacadas de estas criaturas es su canto, similar al trinar de los gorriones pero con matices tan profundos que hacen pensar que hablaban un idioma complejo.

1665

-Las Procesiones Negras: Hay un famoso poema lírico extendido por la mayor parte de las naciones humanas sobre el pálido espíritu que se presenta en las noches cenicientas y neblinosas sobre los sepulcros y cementerios. Según la tradición este siniestro ser era el guardián que llevaba las almas de los fallecidos hacia la gloria de la Luz, en el caso de Alterac, no fue hasta muchos años después que se asimiló este mito.
Antiguamente cuando alguien moría en los fríos brazos de Alterac era enterrado en una profunda tumba y sobre su cadáver se colocaban una figura de madera o piedra tallada (las descripciones de esta varían, pero generalmente eran osos, cabras, caballos o águilas), una rama sana de enebro o pino negro y el mechón de pelo de cada familiar o ser cercano que lo apreciase en vida.
Cuando llegaba el primer día quince del siguiente mes, a la medianoche aparecía de entre la oscuridad una procesión formada por tres sencillas hadas de ojos negruzcos llamadas In’da, Men’da y Vig’da (paz, descanso y reposo, respectivamente en nuestro idioma). Estas se acercaban a la sepultura y hacían llamar al espíritu. Cada una de ellas tomaba los regalos que le correspondían y si las tres coincidían protegían al espíritu a su descanso en la otra vida.
Solía pensarse que según el tiempo del día siguiente se podía determinar si el difunto había alcanzado el otro mundo, siendo los días soleados o ligeramente nublados prueba de que se había unido con la Luz, mientras que los días lluviosos o tormentosos indicaban que las hadas habían rechazado los regalos de los difuntos y les habían dejado enterrados hasta el próximo día quince del mes siguiente para que cumplieran de nuevo con el encargo.

1666

-Las Brujas de Valle: Las Brujas de Valle o Korcanni, eran fuente continua de susurros y mitos en las historias de Alterac. Se decía que en algún lugar entre lo que es hoy el Valle de Alterac se reunían cada solsticio de invierno en un macabro ritual. Estas criaturas desagradables, parecidas a mujeres ancianas y decrépitas pero con características similares a cuervos por su desagradable y estridente voz y sus facciones delgadas y marcadas, se dedicaban a realizar toda clase de actos innombrables de terrible perversión que incluían victimas de poca edad, rituales de sangre y barbaridades aun peores.
Era frecuente representarlas como enormes cuervos, bípedos, similares a los arakkoa de Draenor pero más estilizadas y flacuchas. Normalmente cuanto más anciana era la bruja, más rasgos poseía con un auténtico cuervo, saliéndoles plumas negras, picos desgastados y afiladas garras. Esto se debía a la oscura magia que realizaban con los niños que según cuentan los poemas de aquella época se atribuían a las desapariciones infantiles.
No he encontrado demasiadas evidencias de su real existencia, pero hay un decreto del año 673 antes de la Apertura del Portal Oscuro (673 A.P.O) sobre el rey de Alterac Zetarr, quién mandó sellar cientas de grutas del valle que se presumía podían ser el refugio de aquellas diabólicas criaturas y reforzó con varias patrullas adicionales los condados más fronterizos al valle.
Por suerte a día de hoy no hay evidencia de que tales seres hayan podido sobrevivir, más aun con la constante amenaza de los ogros, orcos lobo gélido y los estoicos enanos de Punta Tormenta que defienden a día de hoy el valle.

1667

-Los Diez tomos negros de Zardall: Zardall era un prometedor hechicero y consejero de la corte del Rey de Alterac Aithian II que en el año 533 A.P.O trató de robar el gobierno al rey y tomar su apariencia para dominar el reino en secreto.
El plan fue desvelado por uno de los caballeros personales de Aithian II, quién por medio de unos difusos sueños puestos en su conocimiento gracias a su inusual conexión con la Luz. Una noche de tormenta mientras Zerdall estaba de viaje por motivos diplomáticos con una embajada alteraquiana en Lordaeron, Eydros (pues así se llamaba el caballero), bajó las estancias del mago para descubrir un terrible secreto.
En una estancia oscura y pedregosa, entre las montañas de papeles, libros y escritos había un peculiar cráneo que parecía despedir un área de terrible malestar. Eydros, al verse invadido por aquella sensación decidió inspeccionarlo más de cerca y al pasar su mano por él, notando unos inusuales cuernos en su parte superior contempló las horribles escenas de una depravación y mal sin igual, de cómo Zardall había formulado un pacto diabólico que implicaba su propia vida y no tardó en darse cuenta de que en aquel cráneo había algo más que polvo y hueso, un demonio oculto y encerrado, algo terriblemente antiguo. Se vio tentado a romper el cráneo en aquel mismo instante, pero como no sabía que podía reaccionar decidió llevárselo al Rey.
Aithian II, que no era ni muy joven ni muy viejo por aquel entonces, al ver el cráneo sintió una desagradable repulsión, pero mientras más lo miraba y escuchaba la historia de Eydros, su opinión cambiaba y deseó codiciarlo para sí. Mandó llamar a Zardall desde Lordaeron. Así cuando este llegó afirmó no saber nada de aquel macabro artefacto y acusó al caballero de tratar de ensuciar su reputación, pero Eydros, furioso por su mentira trató de amenazarle con su espada si no empezaba a decir la verdad. El Rey que por entonces ya no soltaba nunca el cráneo y tenía un constante tono amarillo enfermizo, se sintió molesto por la acusación del caballero a su mejor y más fiel consejero y lo sentenció a muerte en un juicio claramente amañado.
Pasaron años y el Rey menguaba, volviéndose más pálido y raquítico, sus fuerzas eran cada vez menos pero nunca soltaba el tesoro de Zardall. Este por su parte había pasado noches enteras recopilando la información que había en sus notas sobre la sabiduría del demonio en diez gruesos tomos de color negro, pero estaba incompleta, necesitaba al cráneo y no tenía otra opción. El Rey debía morir antes de lo previsto y ser suplantado por él cuanto antes, la corrupción de su trato le estaba drenando las fuerzas como a su señor poco a poco y no le quedaba demasiado tiempo.
Aitihian desarrolló una especie de locura que le llevó a escuchar voces y conspiraciones que venían desde todos lados, todos estaban contra él y solo la seductora voz del demonio le calmaba los nervios. Muchos médicos y doctores vinieron desde el resto de reinos pero él los rechazaba con furiosas amenazas tachándoles de espías manipuladores. Para demostrar su poder mandó ejecutar a varios de ellos de maneras horribles solo para poner sus cabezas en picas y a punto estuvo de crear una guerra civil en el propio reino.

1668

Aun en tal estado de discordia Aithian no perdió su costumbre de ir de caza en las nieves como tanto gustaba hacer pese a los consejos que decían que estaba débil y no era buena idea, aun así, seguía sin soltar el cráneo ni para aquellas ocasiones. Zardall se vió obligado a acompañarle y cumplir el plan el mismo.
Cuando atravesaban una ladera ciertamente empinada de fondo rocoso Zardall aprovechó unos instantes para retrasarse diciendo que debía revisar los mapas antes de estar seguro de continuar, pero el rey en su infinita vanidad siguió con su comitiva de tan solo dos hombres pues se consideraba un cazador formidable y no necesitaba de más ayuda ignorando los consejos y rumores acerca de su malestar. Mientras el rey se distraía con las perspectivas de una emocionante cacería, el mago sacó su daga de lo profundo de su manga izquierda y con dos movimientos rápidos cercenó el cuello de un cazador mientras conjuraba una onda de energía arcana a otro fulminándolo en el acto.
Aithian II, que aunque se había vuelto tremendamente egoísta, confiado y arrogante no había perdido su intuición ni su sentido de la supervivencia dio un respingo y giró sobre la nieve al momento que Zardall evocaba sus poderes para deshacerse del rey.
Tramposo, lastimoso y serpiente fueron los términos más suaves que empleó el rey de piel pálida para describir la traidora actitud de su consejero, pero a este no pareció importarle demasiado, pues ya estaba preparando otro hechizo. Por pura intuición Aithian II trató de sacar su espada, pero el consejero había sido listo y había fulminado al sirviente que llevaba las armas del rey para que este fuera más ligero y sintiera menos el peso de su maldición. El aun joven rey estaba perdido, en otras condiciones tal vez podría haber hallado un modo distinto de zafarse del mago pero tan cansado y debilitado se encontraba por la presencia del cráneo que nada pudo hacer.
No obstante, su orgulloso espíritu de alteraquiano del que antaño todos los habitantes de las montañas nevadas se enorgullecían, no le permitió morir como un perro viejo y antes que darle esa satisfacción al mago se abalanzó sobre él con una fuerza que creía no poseer aun. Tan sorprendido como el rey, estaba su consejero quién no se esperaba tal sacudida de ira y perdiendo el equilibrio se vio arrastrado hacia al abismo junto a su señor y la maligna reliquia que ambos codiciaban y habían sido su mayor perdición.
Las montañas y laderas más cercanas retumbaron cuando Zardall desesperado, lanzó un último hechizo que le permitiera zafarse de aquel abrazo mortal, más no era suficiente y en lugar de conseguir escapar solo consiguió que toneladas de nieve cayeran a su último lugar de reposo, sellando así la tumba de ambos y escondiendo para siempre el lastimoso tesoro.
Pasó el tiempo y cuando Aithian II desapareció junto a toda su comitiva, los lores sin demasiada pena llevaron al trono a su mayor hijo, Aithian III, al cabo de pocas semanas. Su antiguo rey había estado a punto de sufrir un destino peor que el de la muerte en las laderas si hubiera vuelto, en una sangrienta revolución hostigada por ellos mismos. El único cabo suelto que quedó de este relato son los diez tomos negros llenos de oscuros secretos, por fortuna incompletos, que según se presume el sirviente de Zardall, Ignvar Canto Sombrío descubrió tiempo después y escondió en algún lugar, fuera de los ojos mortales para cuando su maestro pudiera regresar, por fortuna, ese momento aun no ha llegado y ruego a la Luz y todo lo bueno y puro de este mundo que nunca se den tales condiciones.

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