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[Guía Orientativa] Los Elfos de Sangre
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agosto 26, 2014 - 4:55 pm
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Elfos de Sangre

1203

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Introducción

Los que ahora se conocen como los elfos de sangre fueron una vez los Quel’Dorei, altos elfos. Con el gran poder y la protección de la Fuente del Sol a su entera disposición, el reino élfico de Quel’Thalas prosperó fuertemente durante 7000 años. Maestros de la magia, y con una afinidad natural para la esgrima, los elfos nobles defendieron la creencia de que eran los “bendecidos por el Sol”. Disfrutaron utilizando la Fuente del Sol tanto como los altonatos lo hicieron con el Pozo de la Eternidad. La vida de los elfos nobles cambió durante la Tercera Guerra, cuando la Plaga del principe Arthas atacó Quel’Thalas y destrozó la raza élfica. La Plaga mató a más de la mitad de la población de los altos elfos, devastando su cultura, y asesinaron al rey Anasterian Caminante del Sol. Por suerte, su hijo y heredero, el príncipe Kael’thas Caminante del Sol, estaba estudiando magia en Dalaran en el momento del desastre y rápidamente se apresuró a ayudar a su gente. Volvió a encontrar a Quel’Thalas en ruinas, y sediento de venganza, reunió a los supervivientes y los renombró como Sin’Dorei, elfos de sangre, en honor a los caídos. Antes de la destrucción de la Fuente del Sol, todos los altos elfos estaban bañados constantemente en su poder mágico. Privados de su fuente de poder, los elfos cayeron enfermos víctimas de la sed de magia. Kael’thas temió que la falta de una fuente de poder pudiera acabar con su pueblo de manera que los elfos aprendieron a drenar la magia de fuentes de poder alternativas.

Pronto, los elfos de sangre tuvieron que enfrentarse con la Plaga y los Amani, que estaban realizando incursiones en los antiguos territorios elfos. Lor’themar Theron recibió la orden de velar por el destrozado reino élfico y intentar encontrar una cura para su adicción, mientras que Kael’thas llevó a un grupo de los mejore guerreros y hechiceros Sin’Dorei y se unió a la Alianza contra la Plaga. Estaban deseosos de vengarse de las fuerzas de los no-muertos, sin embargo, la intolerancia por parte del comandante de la Alianza impidió a las fuerzas humanas la plena utilización de la ayuda de los elfos de sangre. Debido a los prejuicios del Gran Mariscal Garithos, Kael’thas se vio obligado a aceptar la ayuda de Lady Vashj y sus reptiles naga. Cuando los humanos descubrieron que los elfos de sangre estaban trabajando con los naga, estos fueron encarcelados y condenados a muerte por Garithos, por “conspirar con el enemigo”. Sin embargo, Kael’thas y sus soldados escaparon de las cárceles de Dalaran con la ayuda de los naga, quienes le contaron a Kael cosas sobre Illidan, como que era posible que tuviese una manera de ayudar a los elfos de sangre con su adicción a la magia.

A cambio del leal servicio, Illidan les dio un lugar para vivir, así como nuevas técnicas para succionar maná de cualquier ser vivo con su poder arcano. Los Sin’Dorei comenzaron a alimentarse la magia vil. Como consecuencia, comenzaron a sufrir maculaciones ligeramente demoníacas, a partir de un cambio en sus ojos, pasando del azul arcano de los Quel’Dorei a un verde vil que ahora lo tienen la mayoría de los Sin’Dorei. La mayoría de los elfos de sangre todavía viven en Azeroth, particularmente en Quel’Thalas. Estos elfos de sangre trataron de recuperar su patria perdida y destruir a la Plaga a cualquier costo.

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agosto 26, 2014 - 5:12 pm
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Historia

El exilio de los Altonato y la fundación de Quel’Thalas

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Tras la Guerra de los Ancestros, que acabó con el primer intento de la Legión Ardiente de acceder a Azeroth, la destrucción del Pozo de la Eternidad y el Gran Cataclismo, los elfos de la noche decidieron abandonar la magia por considerarla peligrosa y abrazar el druidismo.

Sin embargo muchos de los originarios nobles que habían sobrevivido a la Caída, empezaron a impacientarse. Al igual que Illidan antes que ellos, fueron víctimas de la abstinencia por la pérdida de su codiciada magia. Una vez más, fueron tentados a reabrir las energías del Pozo de la Eternidad y regocijarse con sus prácticas mágicas. Dath’Remar, el líder de los nobles, empezó a burlarse de los druidas en público, tachándoles de cobardes por negarse a utilizar la magia que les pertenecía por derecho. Malfurion y los druidas se irritaron ante sus comentarios y advirtieron a los nobles que cualquier intento de uso de magia sería castigado con la muerte. En su insolencia, Dath’Remar y sus seguidores desarrollaron una terrible tempestad sobre Vallefresno en un desventurado intento de convencer a los druidas de revocar su ley.

Los druidas, incapaces de asesinar a tantos de los suyos, decidieron exiliar a los insensatos nobles de sus tierras. Dath’Remar y sus seguidores, satisfechos de librarse por fin de sus conservadores hermanos, prepararon unos barcos construidos especialmente para la ocasión y se hicieron a la mar. Aunque ninguno de ellos sabía lo que les esperaba más allá de las aguas de la furiosa Vorágine, ansiaban establecer su propio hogar donde poder practicar su codiciada magia impunemente. Los nobles o Quel’dorei, como Azshara les había llamado en el pasado, consiguieron llegar por fin a las tierras del este que posteriormente los hombres llamarían Lordaeron. Planearon construir su propio reino mágico, Quel’Thalas, y rechazaron los preceptos de los kaldorei de adorar a la luna y la actividad nocturna. Desde ese momento y para siempre se llamarían los Quel’Dorei, altos elfos.

Dath’Remar guió a la flota de elfos a través del mundo a lo largo de varios años. Su objetivo era encontrar lugares de considerable poder mágico para construir su nuevo hogar. Tras desembarcar en Lordaeron, se asentaron en Tirisfal. Sin embargo a los pocos años, muchos comenzaron a volverse locos. Se creyó entonces que algo maligno dormía bajo los claros, de manera que los elfos abandonaron la región y se dirigieron al norte.

Separados de las poderosas energías del Pozo de la Eternidad y habiendo sido privados de su inmortalidad, fueron muchos los que perecieron a causa del hambre o el frío durante su largo periplo.

A medida que se adentraban hacia el interior, los altos elfos conocieron a los humanos primitivos y desarrollaron una enemistad mortal con los astutos y bárbaros Amani, los trol de Zul’Aman, que controlaban la mayor parte de los territorios del norte de Lordaeron. Finalmente los exiliados llegaron a una región cuyos claros boscosos les recordaban a su lejana tierra natal en Kalimdor. Los elfos expulsaron a los trol que vivían allí y fundaron el reino de Quel’Thalas. Desafortunadamente, no sabían que sobre él descansaban los restos de una ciudad que los trol consideraban sagrada. Esto provocó que las hostilidades entre ambas razas crecieran y que, ante los ataques de los trol, los elfos respondieran utilizando la magia.

Usando un vial de agua sagrada que habían robado del primer Pozo de la Eternidad, los altos elfos crearon una fuente de poder mística integrada con las poderosas energías que se hallaban en Quel’Thalas. Llamaron a esta fuente la Fuente del Sol, y su poderosa magia arcana alimentaba y fortalecía a todos los Quel’dorei. Así pues, se creó la ciudad de Lunargenta. El poder de los nobles creció, y crearon un encantamiento para su bosque que haría que siempre estuviera en una primavera eternal.

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Pronto, Quel’Thalas se convirtió en un brillante exponente del poder de los altos elfos. Fue levantado con el mismo estilo que los grandes palacios de Kalimdor, con el añadido de elementos mágicos y una brillante tonalidad de colores. Sin embargo, los espacios naturales de los alrededores se respetaron hasta el punto de adaptar su arquitectura a la topografía con tal de no alterar la disposición de sus elementos. Todo esto convirtió Quel’Thalas en un lugar realmente hermoso y tranquilo cuyas ciudades se fundían con la naturaleza.

Algunos elfos, preocupados por los avisos de los kaldorei, crearon una barrera protectora alrededor de Quel’Thalas para evitar que el excesivo uso de la magia trajera la atención de la Legión Ardiente como pasó en el pasado con el uso de la magia del Pozo de la Eternidad. Al hacer esto, levantaron una serie de monolitos rúnicos que salvaguardaban las puertas de entrada al reino élfico. La paz, duramente ganada, de Quel’Thalas duraría unos cuatro mil años.

Con el tiempo, los elfos nobles empezaron a considerar las aguas del nuevo Pozo como algo sagrado. La magia se volvió parte de sus vidas como antaño pero las energías de la Fuente llegaron a ser parte de ellos mismos.

La Alianza y las Guerras Trol

Durante cerca de cuatrocientos años, la sociedad de altos elfos permaneció en relativa calma. Sin embargo mientras iban asentándose como nación, los Amani planeaban una invasión que tuvo lugar 2.800 años antes de la Primera Guerra. Con estas hostilidades dieron comienzo las Guerras Trol, un conflicto que enfrentó a elfos y trol por la supremacía de Quel’Thalas.

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Los altos elfos sufrieron constantes derrotas; a pesar de que dominaban la magia no podían hacer nada en el combate cuerpo a cuerpo y las emboscadas donde los trol eran expertos. No tuvieron más remedio que acudir a los humanos de Arathor para pedirles ayuda. Los humanos instruyeron a los elfos en el arte de la lucha mientras que los elfos hicieron lo propio con sus artes enseñando a un reducido grupo de humanos los secretos de la magia arcana. Juntos formaron un ejército que aplastaron a los Amani, una civilización de nada menos que 20.000 años. A partir de entonces, humanos y altos elfos mantuvieron su alianza.

También entraron en contacto con los enanos de Khaz Modan en el lejano sur así como con los reinos humanos de Gilneas y Alterac, vecinos de los bosques de Quel’thalas, cuando estos se separaron de Arathor. Mientras que con los humanos siempre hubo buenas relaciones, con los enanos hubo un trato estrictamente correcto, fruto de la pertenencia de ambos a la Alianza.

Con la reapertura del Portal Oscuro, llegaron desde Draenor numerosas razas hostiles como los ogros que se aliaron con los goblin y los trol del bosque desplazándose hacia Quel’Thalas.

Los humanos fueron derrotados y expulsados de Ventormenta, obligados a exiliarse en el norte. Los enanos mandaron emisarios para reunir a las razas atacadas y evaluar la amenaza que suponían los orcos. En esta reunión los humanos plantearon formar una Alianza entre los siete reinos humanos, los clanes enanos, gnomos y elfos nobles. Estos últimos, gobernados por Anasterian Caminante del Sol, no se sentían muy unidos a esta idea ya que tanto humanos como enanos se habían separado en numerosos reinos, fruto de sus tensiones internas pasadas, y no eran sino una reminiscencia de las antiguas razas con las que los altos elfos congeniaron cuando decidieron prestarles lealtad. Su única conexión real era con Anduin Lothar descendiente de los Arathi con quienes los elfos hicieron amistad hace miles de años.

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Sin embargo la campaña que llevaron a cabo los orcos en el norte, donde se aliaron con los trol para recuperar su antiguo reino y expulsar a los altos elfos hizo reaccionar al Concilio de Lunargenta. Tras ver como el enemigo llegaba a la frontera de su reino, quemaba sus bosques, mataba a sus ciudadanos y corrompía sus piedras rúnicas decidieron poner todos sus efectivos a disposición de la Alianza. Con esta ayuda y las tensiones internas de la Horda, se ganó la Segunda Guerra.

En el periodo que siguió al conflicto, algunos altos elfos recriminaron a los humanos su paupérrima gestión durante la quema de sus bosques. El rey Terenas de Lordaeron, les recordó que sin su intervención y el sacrificio de cientos de sus hombres no habría quedado nada de Quel’Thalas. Esto no sirvió para calmar los ánimos ya que los elfos abandonaron la Alianza. Algunos de ellos sin embargo permanecieron fieles a sus antiguos lazos.

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agosto 26, 2014 - 5:21 pm
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La caída de Quel’Thalas y la Horda

Durante la Tercera Guerra, el Príncipe Arthas lideró a la Plaga contra ellos, causando estragos en Quel’Thalas y corrompiendo la Fuente del Sol. La mayor parte de lo que quedaba de Quel’Thalas fue incendiada por los altos elfos, en un esfuerzo de dar a la Plaga una victoria psicológica y dejasen a los pocos elfos que quedaban en la Isla del Caminante del Sol. A pesar de sus esfuerzos, la mayoría de la población de elfos nobles fue erradicada durante este conflicto. El heredero elfo, Kael’thas Caminante del Sol, rápidamente se apresuró a la ayuda de su nación para reunir a los supervivientes. En recuerdo de sus hermanos caídos, se llamaron “elfos de sangre”, o “Sin’Dorei”, y juraron vengar a su raza caída. La Fuente del Sol se había mancillado con la magia oscura durante la invasión de la Plaga, y Kael’thas la destruyó para evitar otra catástrofe, pues este oscuro poder los corrompía. A pesar de que fue un éxito en este sentido, sin la fuente de poder para saciarlos, los elfos de Quel’Thalas sufrieron un síndrome de abstinencia. Separados de su fuente de poder una vez más, los elfos entraron en una retirada de magia.

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Desesperados por conseguir ayuda tras la Tercera Guerra, los elfos de sangre se unieron a lo que se denominó la “Nueva Alianza”. Kael’thas ordenó a Lor’themar Theron que salvaguardase la nación élfica, mientras que Kael’Thas cogió a los más capacitados Sin’Dorei para unirse a la lucha con la Alianza en el igualmente destruido Lordaeron. Sin embargo, esta tenue alianza no duraría, pues los elfos de sangre cayeron bajo el control de la intolerancia del Gran Mariscal Garithos. Garithos, un intolerante humano, dio consistentemente a los elfos de sangre tareas escasas que estaban por debajo de sus capacidades, o peor aún, las misiones suicidas carentes de refuerzos, con el fin de librarse de los Sin’Dorei.

Kael’thas y sus fuerzas se les ofreció la ayuda de una fuente improbable – los naga de Lady Vashj, que compartían un ancestro común con los elfos y un enemigo común en la Plaga. Fuera de las opciones, Kael’Thas aceptó con recelo su ayuda, aunque Garithos aprovechó esta decisión para poner todo el contingente de elfos de sangre en pena de muerte en las Mazmorras de Dalaran. Viendo esta traición como absoluta, Kael’thas no fue tan reacio al aceptar la ayuda de Vashj de nuevo cuando ella se ofreció a ayudarle a fugarse.

El príncipe Kael’thas condujo a sus seguidores a la libertad, a los residuos interdimensionales de Terrallende, los restos de Draenor, y prometió lealtad a Illidan, quien se comprometió a concederles una nueva fuente de magia mediante el desvío de las caóticas energías de los demonios. Junto con sus aliados los naga, Illidan llevó a los elfos de sangre para conquistar Terrallende, ganando en el proceso la amistad de los casi extintos tábidos. Después, los elfos de sangre siguieron a Illidan al Glaciar Corona de Hielo en un intento de destruir al Rey Exánime, sin embargo, fueron derrotados por Arthas, que hirió a Illidan, obligando a los elfos de sangre y a los naga a retirarse, y permitiendole subir el glaciar y se combinarse con el Rey Exánime. Durante las batallas en Rasganorte, varios de los elfos de sangre fallecidos (incluyendo a la portadora de la gran Quel’Delar, Lana’thel) se convirtieron en no-muertos de Arthas, que le servirían como sus “San’layn”.

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De vuelta en Quel’Thalas, los elfos de sangre que estaban bajo las órdenes de Lor’themar Theron y de Halduron Alasol se sometieron a su propias tribulaciones. Retomar su tierra natal parecía una tarea de enormes proporciones, porque aún había un gran número de miembros de la Plaga. La esencia de la Fuente del Sol, una mujer llamada Anveena Teague, fue secuestrada por el gran traidor Dar’Khan Drathir (que había vendido a su pueblo a Arthas durante la invasión de la Plaga) y llevada a Quel’Thalas. Lor’themar intentó vengarse de la destrucción de la Fuente del Sol matando a Dar’Khan, aunque no tuvo éxito ante su magia oscura. Los elfos de sangre finalmente se aliaron con el dragón azul Kalecgos y con sus compañeros, y consiguieron eliminarle por el momento. Lor’themar puso a Anveena bajo la protección de los Sin’Dorei, y su condición del avatar mortal de la Fuente del Sol se convirtió un secreto celosamente guardado.

Como las cosas se veían sombrías, Kael’thas envió al Gran magister Rommath y un grupo de magister a Quel’Thalas, para difundir las enseñanzas de Illidan (enseñanzas que Rommath atribuyó a Kael’Thas) y para recuperar Quel’Thalas con su magia colosalmente poderosa. Vigorizados por las técnicas nuevas, tales como la fuerza de succionar la magia y el poder de las criaturas sensibles, los elfos de sangre fueron capaces de recuperar gran parte de Quel’Thalas, e incluso restaurar la mayor parte de la Ciudad de Lunargenta. Envalentonados por la promesa del retorno prometido del príncipe para conducir a su pueblo al poder y a la gloria, los elfos de sangre comenzaron a centrarse en la recuperación de su patria.
Los elfos de sangre, ahora bajo la regencia de oficial Lor’themar Theron en la ausencia de Kael’thas, buscaron nuevos aliados. Inicialmente, esto aconteció una situación extraña los renegados de Lordaeron ofrecieron su ayuda y apoyo a los desconcertados y desbordados Sin’Dorei.

Sylvanas Brisaveloz, anterior líder de los forestales de Quel’Thalas levantada como no-muerta, ahora líder de los Renegados, ofreció su ayuda a su pueblo y con su ayuda consiguieron recuperar gran parte de su reino y asesinar a Dar’Khan Drathir en la Ciudad de la Muerte. Pero los problemas no acabaron, por el método en que los Sin’Dorei obtenían la magia empezaron a crearse los desdichados, elfos que no habían controlado su adicción a la magia. Con la cabeza de Dar’Khan como prueba de fuerza, la Horda admitió a los Sin’Dorei entre sus filas.

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La caída de Kael’Thas y el renacimiento de la Fuente del Sol:

Mientras tanto, los elfos de sangre de Terrallende del príncipe Kael’thas se hicieron cargo del área de rica en maná de Tormenta Abisal. Otros, viajaron al Valle Sombraluna para servir a las ambiciones Illidan Tempestira. Varios fueron entrenados como cazadores de demonios, aunque la tasa de éxito de esta formación fue variada.

Bajo la dirección de Kael’thas, los elfos de sangre atacaron la ciudadela del Castillo de la Tempestad. El sacrificio de sus defensores provocó que los draenei huyesen en su nave, y Kael’thas finalmente se encontró frente a una visión extraña, un naaru, llamado M’uru, que resultó ser el último defensor de la fortaleza. Después de algunos problemas, Kael’thas fue capaz de superarlo, reclamando para sí el Castillo de la Tempestad, y envió al naaru sometido a Quel’Thalas como un regalo para que su pueblo se alimentara. Esta decisión llevó a la creación de los caballeros de sangre, una poderosa orden de paladines armados con luz robada del naaru. De vuelta en Quel’Thalas, la llegada al poder de esta orden fue recibida con diversas reacciones, muchos ciudadanos los veían como acérrimos defensores de Quel’Thalas, aunque otros (como los Errantes) no estaban de acuerdo.

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Durante este tiempo, Kael’thas sufrió un cambio que tendría consecuencias nefastas. Pensando que Illidan era un líder ineficiente, Kael’Thas vendió su lealtad a Kil’jaeden y la Legión Ardiente. En secreto, empezó a cosechar el gran poder que recorría a través de la Tormenta Abisal.

Así, los elfos de sangre en Quel’Thalas comenzaron su viaje a Terrallende, junto con sus aliados de la Horda. Sin embargo, lo que les esperaba no era el paraíso que les fue prometido, sino la tierra estéril de la Península del Fuego Infernal. El cambio de lealtad de Kael’Thas fue descubierto por los Arúspices, y mantuvieron al príncipe acorralado en el Castillo de la Tempestad. Fue derrotado, dejado por muerto, aunque aferrándose a la vida. Kael’thas se presentó ante el líder de los Sha’tar, el naaru A’dal, y le reprendió por no haber terminado el trabajo. Al anunciar su lealtad a todos los presentes, Kael’thas decidió traer a Kil’jaeden a Azeroth.

Kael’thas volvió a Quel’Thalas, y atacó a la Ciudad de Lunargenta brevemente con sus siervos sangrevil. Retomando a M’uru de sus aposentos, Kael’thas preparó el escenario para su posición final en la Isla de Quel’Danas, también secuestró a Anveena de su lugar no revelado en Quel’Thalas. Lady Liadrin, la matriarca de los caballeros de sangre, fue testigo del ataque a la mismísima Lunargenta, y ahora, sin una fuente de energía para los caballeros de sangre, viajó a Shattrath para reunirse con A’dal. Se enteró de que M’uru se había resignado a este destino desde hace mucho tiempo, y se comprometió a que los caballeros de sangre iban poner fin a las oscuras ambiciones del príncipe, y devolverían la gloria a Lunargenta. La Ofensiva del Sol Devastado, una coalición de elfos de sangre de los Arúspices y de los draenei de los Aldor, marchó a liberar Quel’Danas.

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Kael’thas fue derrotado en la Bancal del Magister, siendo poco más que una sombra de su antiguo ser, un desdichado. Fue reducido, y la Ofensiva del Sol Devastado se enfrentó los Espada Sombría, la elite de Kael’Thas que había bebido la sangre de demonio, convirtiéndose en un hibrido entre elfo y demonio, tal como había ocurrido con los orcos en el pasado.

Finalmente, la Ofensiva del Sol Devastado salvó a la Fuente del Sol de la Legión Ardiente, y logró desterrar a Kil’Jaeden, al coste de consumir la energía de la fuente que residía en Anveena, pero gracias al profeta Velen y al sacrificio de M’uru la Fuente del Sol renació con un nuevo y más puro poder.

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En la actualidad, el reino de Quel’Thalas, completamente libre de la influencia de la Plaga renace bajo la luz de la nueva Fuente del Sol, la magia vil de su cuerpo ha comenzado a disiparse por las puras energías de M’uru, y poco a poco se vuelven más semejantes a lo que solían ser, Quel’Dorei.

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agosto 26, 2014 - 5:29 pm
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Cultura

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Los elfos de sangre llevan túnicas de color carmesí para sugerir su afiliación al fuego y a la sangre de los elfos caídos en Quel’Thalas. Muchos se concentraron en el estudio de la magia arcana y del fuego, a diferencia de la tradicional escarcha y los hechizos de agua de su pérdida sociedad de los altos elfos.

La arquitectura de los elfos de sangre es muy similar a la de los elfos nobles (la del Bastión Allerian es un buen ejemplo) ya que se trata de creaciones pendulares con maravillosas de curvas y columnas retorcidas, con un diseño floral, imitando a la naturaleza y acompañado de esculturas con temáticas animales. Sus fuentes parecen desafiar las fronteras físicas, creando o deformando el agua en maneras imposibles.

El blasón de Quel’Thalas se basa en un fénix sobre campo rojo, los Sin’Dorei consideran al fénix una criatura sagrada, un ser bendecido por Belore. Los Sin’Dorei, al igual que todas las razas élficas, respetan la naturaleza y la defenderán con todo lo que esté en sus manos.

Creencias

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Los elfos de sangre veneran a Belore, el dios Sol. Se consideran “bañados por el sol”, e incluso lo han incorporado en sus vidas sociales. Esta reverencia es lo contrario a la de sus primos elfos de la noche, que tienen a la Luna en un sentido más elevado. Esto se debe a que la sociedad cerrada de los elfos estaba centrada en la Fuente del Sol, que había protegido Quel’Thalas y a sus ciudadanos 7.000 años antes de su destrucción.
Como los altos elfos, los elfos de sangre fueron miembros de la Iglesia de la Luz. Después de su conversión a Sin’Dorei, y la utilización de métodos menos nobles para saciar su adicción, sentían y creían que la Luz les había abandonado. Uno de los seguidores más prominentes de esta mentalidad fue Lady Liadrin, que renunció a sus votos a la Luz debido a este supuesto abandono. Liadrin y muchos de sus seguidores desilusionados más tarde utilizaron la Luz como una herramienta, teniendo que confiar en la fe para ponerla en marcha, aunque algunos elfos de sangre se mantuvieron fieles a la orientación de la Luz, y muchos otros están recuperando esta fe.

Gobierno

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Antes de la Tercera Guerra, Quel’Thalas fue gobernada con una monarquía absoluta, con el Gran Rey Anasterian Caminante del Sol. Gobernó durante mucho tiempo, por lo menos unos 3.000 años, y fue elogiado por el Consejo de Lunargenta, un consejo de señores elfos que se había comprometido a ayudar a la dinastía real para conseguir una Quel’Thalas segura. Sin embargo, durante el ataque de la Plaga, Anasterian fue asesinado y todo el Concilio fue erradicada – con un solo sobreviviente, el traidor Dar’Khan Drathir.
A raíz de la destrucción total de la dirección de Quel’Thalas, el príncipe Kael’thas Caminante del Sol se convirtió en el único líder de los elfos de sangre. Aunque fue esencialmente un monarca, Kael’thas no parece tener oficialmente la corona de los elfos, en lugar de eso, se autotituló como “El señor de los elfos de sangre” y “El Rey Sol”. Kael’thas decidió no revitalizar la Convocatoria, y en su lugar ordenó a Lor’themar Theron, el antiguo segundo al mando de la General Forestal Sylvanas Brisaveloz, actuar como regente en Quel’Thalas en su ausencia.
Últimamente, con la traición y la muerte del príncipe Kael’thas, Lor’themar se ha convertido en el único líder del pueblo de los elfos de sangre. Con la dinastía Caminante del Sol completamente terminada, la corona no ha sido reclamada, e incluso Lor’themar ha optado por retener su papel como el “Señor Regente”, en vez de autoplocamarse rey.
Como tal, los elfos de sangre están en un estado de interregno, con el Señor Regente Lor’themar Theron como su único líder.
Los elfos de sangre tienen una serie de otros líderes. Halduron Alasol, el General Forestal de Lunargenta, sirve como el líder de los Errantes y como comandante militar de los elfos de sangre. El Gran magister Rommath dirige a la Academia Falthrien, la organización más accesible de magos thalassianos. Aethas Atracasol el líder de los magos Atracasol, la elite mágica de Quel’Thalas, mientras que Lady Liadrin regula a la orden de los caballeros de sangre como su líder suprema y matriarca.

Ojos

Un Sin’Dorei o Quel’Dorei obtiene un color de ojos en base a la fuente de energía mágica que emplea, en un principio los Quel’Dorei tenían los ojos azules debido a su constante exposición a la magia arcana de la Fuente del Sol. Tras la destrucción de la Fuente del Sol, aquellos que se encontraban en el rango de acción de esta perdieron el brillo de sus ojos, que quedaron completamente blancos.

Tras consumir la magia vil, los ojos de los Sin’Dorei quedaron de color verde, pero tras la restauración de la Fuente del Sol, los ojos de estos han empezado a recuperar poco a poco sus tonalidades azules, pasando antes por el blanco.

Organizaciones

  • Los Errantes: una de las organizaciones más emblemáticas de Quel’Thalas, los celebres forestales elficos consagrados a defender el bosque de la canción eterna y el reino.
  • La Academia Falthrien: la mas celebre de las organizaciones de Quel’Thalas en un pasado, los reputados magos elfos que utilizan el poder de la Fuente del Sol.
  • Los Halcones de Sangre: una organización de espías y asesinos consagrada a defender Quel’Thalas y mantener a los altos mandos informados.
  • La Guardia de Lunargenta: compuesta por guerreros y rompehechizos, los eternos guardias de la ciudad.
  • Los Caballeros de Sangre: los guerreros de elite de Quel’Thalas, respetados por todos, consagrados a defender el reino de cualquier enemigo.
  • Los Atracasol: la elite mágica de Quel’Thalas liderada por Aethas Atracasol, ubicada en Dalaran.

Fuente: WoWPedia

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